
Los alumnos tienen derecho a adquirir una autonomía propia y a desenvolverse en su vida cotidiana de la manera más normalizada posible. Es por ello que se debe impartir una educación afectivo sexual desde una edad temprana. No solo para salvaguardarles de posibles “peligros” sino para ayudarles a desarrollar sus potenciales de la personalidad al máximo.
Las conductas afectivo-sexuales se ven influidas por diferentes circunstancias, en algunos casos por escasas relaciones interpersonales. Su discapacidad les hace no reconocer lugares, momentos y situaciones en las que ciertas conductas deberían ser controladas.
Se busca educar y sensibilizar a los alumnos para que su afectividad y su sexualidad no pasen a ser un tabú, sino que, como cualquier otra persona, se reconozca los momentos, situaciones y lugares para ciertas conductas afectivo sexuales.
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