¿Cómo es el proceso de rehabilitación integral cuando se presenta un síndrome de Guillain-Barré en pleno tratamiento oncológico?
El síndrome de Guillain-Barré es una enfermedad neurológica autoinmune considerada rara, generalmente asociada a procesos infecciosos previos. Puede provocar debilidad muscular progresiva, alteraciones sensitivas, dolor neuropático e incluso compromiso respiratorio en los casos más graves. Aunque su pronóstico suele ser favorable —cerca del 80% de los pacientes recupera la capacidad de deambular a los seis meses—, en torno a un 10% puede presentar secuelas motoras significativas. Pero cuando este síndrome aparece en pacientes oncológicos, en un contexto de especial vulnerabilidad física y emocional, la complejidad clínica aumenta.
Esto fue lo que le ocurrió a Ángel. Mientras se encontraba en tratamiento contra el cáncer, un día quedó paralizado de cintura para abajo y perdió su voz. Tras el diagnóstico y la estabilización clínica, fue derivado al Hospital Fundación Instituto San José para iniciar un programa intensivo y personalizado de rehabilitación neurológica. “Estaba luchando contra el cáncer y, de repente, dejé de poder moverme. Mi esperanza era la rehabilitación en un centro como este”, recuerda Ángel emocionado días antes de recibir el alta hospitalaria.
Abordaje interdisciplinar con plan terapéutico individualizado
Desde su ingreso, el equipo diseñó un plan adaptado a su situación clínica, integrando:
- Fisioterapia neurológica orientada a la recuperación de fuerza y control motor.
- Terapia ocupacional para mejorar la autonomía en las actividades básicas de la vida diaria.
- Seguimiento médico coordinado con su equipo oncológico de referencia.
“Cuando acude un paciente con una condición previa, siempre realizamos el tratamiento desde un punto de vista multidisciplinar para alcanzar la mayor funcionalidad e independencia posible, buscando su participación activa en la toma de decisiones”, explica Pablo Cervantes, fisioterapeuta experto en neurorrehabilitación del Hospital.
El reto no era solo recuperar fuerza muscular, sino hacerlo respetando las limitaciones propias del tratamiento oncológico, controlando la fatiga y adaptando el esfuerzo terapéutico en cada fase del proceso.
Durante semanas, Ángel necesitó ayuda completa para las actividades básicas. Cada pequeño avance suponía un logro enorme. Progresivamente comenzó a recuperar fuerza muscular y mejorar el control postural, hasta que llegó el día en que pudo dar sus primeros pasos.
Desde la unidad de rehabilitación neurológica señalan que, en muchos casos, los pacientes con patologías confluyentes muestran una gran motivación porque ya han afrontado un proceso previo complejo y participan activamente en su recuperación.
“A base de esfuerzo y trabajo estoy mejor. Llegué completamente paralizado y ahora soy capaz de andar solo por la calle. Yo creía que era imposible, y aunque puede que me quede alguna secuela, ahora estoy más animado que antes”, afirma.
Casos como el de Ángel reflejan la importancia de integrar la rehabilitación especializada en procesos clínicos complejos y de contar con un modelo asistencial interdisciplinar centrado en la persona.
