“Pedro Bermejo, detective del cerebro”, entrevista al Dr. Bermejo, neurólogo de FISJ.

“Pedro Bermejo, detective del cerebro”, así se titula la entrevista al Dr. Bermejo, neurólogo de FISJ, profesor, investigador, escritor y presidente de la Asociación Española de Neuroeconomía y de la Asociación de Profesionales de Daño Cerebral.

Textos de Julio Fernández y fotografías de Victoria Iglesias. Revista Ábaco BBVA Nº 70 – Primavera 201

La neurociencia está de moda. Está presente en las series de televisión de éxito, en las ventas de empresas como Apple, en la toma de decisión de los inversores y de los consumidores, en la gestión de las empresas, en el liderazgo de sus directivos… y, cómo no, en la primera línea de investigación científica. Profundizamos en las aplicaciones de la neurociencia a través del Dr. Pedro Bermejo, neurólogo, profesor, investigador, escritor y presidente de la Asociación Española de Neuroeconomía y de la Asociación de Profesionales de Daño Cerebral.

Las últimas investigaciones parecen confirmar que el cerebro no es de ‘fiar’. ¿Vivimos en un ‘Matrix’, una realidad simulada por nuestro cerebro?

La cuestión es que hay una realidad objetiva pero muchas formas de interpretarla. Nosotros cada vez que tenemos que ‘ver’ un objeto lo estamos percibiendo con nuestros sentidos y lo estamos interpretando con nuestro cerebro en base a experiencias propias, nuestra memoria, nuestros recuerdos. La interpretación que hacemos de la realidad con nuestro cerebro podemos decir que es sesgada. El cerebro es limitado, al igual que los sentidos, con los que no podemos percibir un ancho determinado de banda, los infrarrojos, las ondas magnéticas, ni muchas otras cosas.

¿Cómo es el proceso de la toma de decisiones? 

Sabemos cuánto se puede influir en la toma de decisiones. Hay una estructura cerebral, que se llama núcleo accumbens, que está relacionada con las decisiones emocionales. Hay muchas formas de influir en ellas. Una es el efecto goggel, que consiste en estimular de forma positiva a una persona. Por ejemplo, si antes de que oferten un fondo de inversión me sirven un café, esa estructura va a estar un poquito activada y cuando yo tenga que enfrentarme a la decisión final, de forma inconsciente mi cerebro va a estar girando hacia la zona del sí, que se llama sistema de recompensa cerebral, es decir, a la compra el producto. Otra forma de influir es con el efecto manada. Los humanos somos grupales y tenemos tendencia a hacer lo que hacen los demás. Este efecto se ve muy bien en la Bolsa, que tiene muchísimo componente emocional, y explica gran parte de los movimientos que vemos en los mercados. Una tercera técnica muy utilizada por la publicidad es el efecto halo, que consiste en la trasmisión de la positividad o negatividad que llega a una persona de un determinado producto. Todos esos efectos, y muchos más, se pueden aplicar a un cliente, a un empleado, a tu jefe… La neurociencia nos permite explicar qué está pasando en nuestro cerebro cada vez que utilizamos esas técnicas.

¿En qué ámbitos se está aplicando la neurociencia?

En la economía, en la política, en la gestión de empresas… y sobre todo en el marketing.

¿Es cierto que las personas sólo utilizamos alrededor de 20% del potencial del cerebro?

Eso es ciencia ficción. No está demostrado que utilicemos un porcentaje determinado de nuestro cerebro. Ya hubo un comunicado de la Sociedad Española de Neurología en el que se echaba por tierra todas esas teorías y se alertaba a la población de que realmente no utilizamos ni un 10% ni un 15% ni un 20%… Todo lo que en el cerebro se desarrolla es para ser usado. De hecho, existen algunas patologías con atrofia cerebral y pérdida neuronal en las que con un pérdida de 4%, 5% o 6% empezamos a tener problemas cognitivos y dificultades motoras. Si sólo utilizásemos un 10%, tendríamos una reserva enorme: perderíamos y no pasaría nada.

¿Cuánto hay de verdad sobre que el tamaño del cerebro determina la inteligencia?

Es otra de las teorías erróneas. La inteligencia no tiene tanto que ver con el peso y tamaño del cerebro. Paradójicamente, uno de los cerebros de mayor tamaño que existen es el de pacientes con retraso mental. La inteligencia está, realmente, en la complejidad, en el número de conexiones y ramificaciones neuronales.

¿Y cómo se pueden hacer neuronas más complejas, es decir, mejorar la inteligencia?

Estimulando el cerebro, sobre todo, con cosas nuevas, si leemos, si estudiamos, si tenemos relaciones sociales… Cuanto más tiene que esforzarse el cerebro en aprender algo nuevo o enfrentarse a cosas que no conoce, más vamos a estimularlo. Además, cuanto mayor número de conexiones y de ramificaciones neuronales tenemos, mejor se toleran los procesos de degeneración cerebral relacionadas con el Alhzeimer o el Parkinson

¿Cómo está cambiando Internet y las nuevas tecnologías nuestro cerebro?

La neurociencia está constantemente evolucionando. Hacia dónde vayamos va a depender de los inputs que nuestro cerebro reciba y de cuáles sean las condiciones ambientales a las que nos tengamos que adaptar. Es cierto que la plasticidad cerebral permite a nuestro cerebro adaptarse a situaciones ambientales, a la tecnología. Hoy sabemos que la zona cerebral encargada de captar la sensibilidad de nuestros pulgares es mucho mayor que en generaciones pasadas, debido al uso que hacemos de los teléfonos móviles. También se ha visto que nuestra capacidad para prestar atención a largo plazo es inferior que en generaciones anteriores; hoy para eso tenemos la Wikipedia, gestores de trabajo, etc. O que somos más capaces de mantener la atención en varias cosas a la vez. Somos multitarea.

¿Qué misterios del cerebro están sin resolver?

Prácticamente todos. Tenemos que ver el cerebro como 100.000 millones de neuronas conectando entre ellas, cada una de ellas haciendo conexión con 10.000 más y todo este número, que ya no sé ni cuanto sale, está en continuo movimiento. Mientras estamos hablando miles de conexiones se están rehaciendo, de tal forma que mientras mantenemos esta conversación nuestros cerebros serán distintos anatómicamente a como lo eran al principio de la entrevista. Para intentar, realmente, estudiar todo eso nos faltan muchos años.

¿Acabará la neurociencia recreando la inteligencia artificial?

Estamos muy lejos. No va a ver ningún problema para recrear en ordenadores la cantidad de conexiones cerebrales que existen, el problema es que esas conexiones son móviles, están cambiando, destruyéndose unas y creándose otras en microsegundos. Eso no lo podrá hacer un ordenador, a día de hoy, como tampoco lograr la plasticidad cerebral. También hay que tener en cuenta el problema de la energía. La que necesita el cerebro humano para hacer todo esto es mínima, pero un ordenador utilizaría una cantidad ingente. A medio plazo, no lo veo. A largo plazo es imposible saberlo. ¿Cómo puede un ordenador procesar e involucrar el miedo, o procesar la influencia que en la infancia tuvo alguien…? Estamos mucho más lejos de lo que creemos.

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